Un día sin ti y con tu tú

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El domingo 27 de enero fui protagonista, o no, de un cuento extraño. El tiempo se detuvo durante horas y durante horas fueron las 14:45. Intenté pensar que era una de esas cosas que pasan cuando uno no duerme bien y se hace tanto que, al final, lo que se hace es improductivo.

También pensé que lo que sucedía se debía a mi nueva percepción de ver el tiempo, recientemente adquirida por mi contacto con los dominicanos. Ante la confusión, decidí navegar por el ciberespacio y ahí me encontré con Raai o conmigo misma. Me metí al blog de la colombiana y descubrí que su espacio no era suyo sino mío. Un mensaje en el blog de notas que decía “ay diana, ay ay” me confundió. Luego, otro mensaje también anónimo decía “¿Diana, sabes de quién es el blog que lees?”, comprobó mis sospechas: yo ya no era yo y yo era Raai. Hasta entonces entendí porque cada que Raai comía camarones me intoxicaba, por qué ella esperaba al Mesías, por qué le gustaba el Miguelito y a mi los dulces de café. Habíamos pasado tanto tiempo juntas que nos habíamos confundido, era obvio… yo nunca fui Diana, o tal vez sí. Ante el agobio decidí irme a caminar por Sol para encontrar una explicación lógica, pero no había gente en la calle y tampoco hacía frío, algo inusual para un domingo madrileño. Caminé hasta agotarme.

Volví a casa para llamar a mi familia y ver si ellos eran capaces de reconocerme, pero no los encontré. Tampoco pude ver a mi roomie, Alonso, para confirmarme quién era yo. Decidí dormirme para evadir la pesadilla y al despertar volví a ser yo, el reloj marcaba las 08:00 horas, Alonso me saludó con un “¡hola Enano!” y todo fluía normal. De pronto me sentí incomprensiblemente fatal pues ya no sería Raai, con todo lo que ello suponía: ya no sería una persona dulce ni me reiría tan fuerte como una estampida ni alegraría un cuarto entero con mi acento costeño. Ahora sólo sería yo, aunque siempre tendría a Raai.

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