Sobre relaciones internacionales

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Entonces, uno se detiene, voltea a su alrededor, respira el profundo frío de invierno y sonríe. Se trata del momento en que todo parece una escena de cine noir. Se recuerda justo el momento en que se partió de casa y el cúmulo de cosas que han sucedido en cuatro meses. Se ríe desde la panza y se saborean las especiadas alegrías de los últimos días y se concluye:

  • Que las madrugadas en España saben mejor con merengue
  • Que el camino a Santiago debe pasar por Buenos Aires
  • Que el corazón de Barranquilla vive en Barcelona
  • Que lo mejor de los republicanos está en Dominicana
  • Que la “Marina” de Brasil es dinamita pura
  • Que la embajada de la paz tiene olor a “Lilas”
  • Que el mejor mexicano de Madrid vive de cara al Retiro

Y así pasan los días, los buenos tiempos en que se ha encontrado un café matutino decente, se ha acabado el tema de la Guerra Civil y se han descubierto a los mejores amigos del otro lado del mundo. Y, al mismo tiempo, se añora cada vez más el momento de reunirse con los inmortales cómplices que permanecen en el hogar.


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