Cambio de domicilio

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Cinco meses en España y un inesperado cambio de casa… así celebré el 24 de febrero, día en que empezó una nueva etapa de mi paso por Madrid. Intenté por todos los medios de no fallar a la promesa que le hice a Tatos, pero cualquier esfuerzo fue insuficiente.
Ya no podré cuidar más del «depa guapo»; tampoco veré al buen abuelo Don Honorio ni me rechazará las galletas que procuraba llevarle cada semana ni me hará tortillas de patatas o sopa cuando esté enferma; ya no veré a los chinos de la esquina con su bebé sonriente ni me pelearé con las latinas del Día de Ascao.
Se acabó la era del lindo pisito en que pasé grandes días con el Caribe en casa, el lugar en que vi renacer muchas promesas y el sitio en el que me reencontré con un buen amigo y con una buena parte de mi.
Ahora inicia también la fase con la mejor representación latinoamericana en casa, el lugar en donde está la idea de una familia y la construcción del eje México-Argentina-Colombia-Brasil. Todo, con nostálgica felicidad y menos dinero en la alcancía.

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