Con los ojos llenos de nostalgia, se preguntó qué estaría haciendo. Nada parecía lógico desde la última vez que lo tuvo, tampoco había sentido en el tiempo. El transcurrir parecía desenvolverse en una atmósfera lunar. Algunos momentos adquirían ritmo, pero su cotidianidad se convirtió en una monotonía absurda. Luego, con los ojos todavía llenos de nostalgia y sal saliendo de ellos esperó, egoistamente, que a él le sucediera lo mismo. Que se hubiera convertido en un autómata al que le hiciera falta ella y su caótico frenesí y que, ojalá encontrara en ella la salvación.
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