Hace no muchos días dejé de hablar. Intenté comunicarme de todas las formas posibles, pero nadie pudo entenderme. Abrí la boca lo más que pude y quise gritar, mas mi garganta no chistó. Desesperada, intenté escribir, sólo que mi grafía era ilegible. Las manos, torpes, así que la mímica tampoco funcionó. Recurrí a la tecnología, pero los códigos binarios no supieron descifrarme. El día que me quedé muda, el día que nadie me escuchó y lloré, ese día, comprendí parte de la existencia.
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