Al mal tiempo, buena cara. Reír lo más que se pueda. Reunirse con la gente que te haga bien. Los amigos y la familia son un buen refugio. El refugio sirve para cubrirse de la tormenta. Cubrirse no implica evadir, sino amortiguar. El alma necesita dosis de paz. La paz puede llegar con palabras, abrazos, sonrisas de la gente que siempre está ahí o que quisiera estar ahí siempre. Los círculos cercanos son una red de la que no se debe escapar.
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