Una canción en "extranjero"

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Tengo un Barbas. Nadie tiene uno como el mío, porque mi Barbas es de esos que no tienen ni cabeza ni pies. Bueno, sí los tiene, sólo que entenderse con él es tan difícil que uno pensaría que no ha encontrado su forma, pero a mí me parece que amorfo es justo como debe ser. Mi Barbas me enseña millones de cosas, aunque luego se resiste a hacerlo porque piensa que lo que tiene que decir a nadie le interesa. Pero a mí pocas cosas me gustan tanto como escucharlo o que me desarme con sus canciones o con sus cortos o con sus comentarios casi incomprensibles.
Barbas me causa gracia y nostalgia a la vez. Muchas veces quisiera matarlo, pero ¿quién no ha querido matar a alguien a quien quiere? Otras veces me dan ganas de cuidarlo, porque lo siento como un muchacho perdido en un mercadillo. Pero la mayoría de las veces me dan ganas de reír con él, porque su humor es tan ácido que me parece brillante, por eso y porque estoy segura de que es un buen Barbas.

Hace unos días, le pedí a Barbas que me enviara la música que escuchaba, porque ahora no puedo estar ahí para oírla en su Toledito II. Como siempre, supo sacarme una sonrisa:

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