– A veces sucede que el orden cósmico se desalínea. Llega el caos, pues. Sucede también que todo lo que tocas lo desgracias, algo así como el adverso del Rey Midas. Pero a veces también sucede que el orden cósmico no se ha desalineado y que no hay ningún caos.
– No entiendo.
– No entiendo.
– Se trata de un preámbulo, del capítulo que antecede al brillo del polvo estelar. Mira, el macrocosmos necesita guardar sus equilibrios, y tú, que eres un microcosmos, también te enfrentas a ambas fuerzas, a los dos polos.
– ¿Y…?
– Entonces, cuando crees que todo va mal, porque una de las fuerzas está tirando un poco más que la otra, tienes tres opciones. La primera es que te sientes a lamentar tú caos en un hoyo negro, claro que corres el riesgo de no ver la luz cuando regrese. La segunda es que te montes en un meteorito y trates de alcanzar la calma a mil años luz por hora.
– ¿Y la tercera?
– La que a mí me gusta más: que te decidas a bailar con los cometas.

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