Ayer escuché a mamá aconsejar a una de sus hermanas: «Dale muchos besos y ponle merthiolate. A esa edad, aún se curan con besos, aprovéchalo, porque cuando crezca tus besos ya no serán suficientes pues sus heridas se volverán más profundas». Mamá sabe de lo que habla, pero, aun en los momentos más difíciles, me mete a la cama, me abraza y me da un beso. Entonces, todo comienza a sanar, incluso si la herida es muy profunda.
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