Mi amiga Angie suele ser dulce, aunque siempre intenta ser ruda. Recientemente, en una madrugada de fiesta, me sorprendió con una canción que compagina ambas formas. Después intenté cantársela a Claudio en un antro de gente bonita, en el que ambos estábamos un poco fuera de lugar. Se burló de mí, no sé si por mi desentonación, porque no me la sabía muy bien o por lo ridícula que me veía, pero, desde entonces, disfruto cantarla mucho, y, cuando lo hago, me salta una risa burlona de la nada.
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