Metamorfosis

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Cada mañana, deseaba no levantarse. Lo quiso tanto que llegó el día en que no pudo hacerlo. La energía finalmente se le había terminado. El cambio en su cuerpo era notorio. Los huesos se le salían, una mancha negra cercaba sus ojos y la piel escaseaba. Estaba tan pálido que sus venas podían leerse a simple vista. Semanas atrás, cuando se miraba al espejo, sólo pensaba en dejarse morir. Odiaba lo que veía. Nada valía la pena desde que ella había partido; él se había empeñado en apartarla para siempre. Sus demonios habían mermado el amor y su egoísmo impulsivo finalmente terminó por matarlo. Por eso dejó de comer, de reír, de vivir, por eso quería que llegara el final, para no pensarla, para no sentirla. La muerte lo hubiera liberado de la tortura, pero la vida tenía que cobrarse con intereses. Y, aquel día, en que no pudo ponerse de pie, la factura llegó: un zombie había nacido.

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