«En el pasado, pudo haber sido tu hija, tu hermana, tu abuela», aseguró Ricardo, un tipo que hace 10 años se me acercó, según él, guiado por mi energía. «Se protegen la una a la otra», continuó, y yo escuché con calma cada una de las cosas que dijo: que si discutíamos, que si hablábamos, que si nos comprendíamos, que si nos cuidábamos, que si era mi cómplice, que si era piscis o tauro, que si era mi espejo, que si era mi mentora… No volví a saber de él, no conocí de su vida ni antes ni después de aquella noche en Cuautla, pero, sin más, le creí, porque me sentí aliviada cuando escuché el final de su monólogo, por eso y porque yo lo sabía antes de que él me lo contara: «Pudo ser muchas cosas, lo que es seguro es que están destinadas a estar juntas siempre, en todas sus vidas y en todas sus formas». Se refería a mi mamá, por supuesto.
Deja un comentario