El monstruo del armario

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Siempre me aterraron los soldados. Cuando era niña y algún convoy militar se aparecía, me angustiaba. Me impresionaba ver las vagonetas circulando con uniformados armados. Temía lo peor: fuego, violencia, balas, sangre, muertos. Después venían las imágenes más desesperanzadoras: separarme de mi familia, ver morir a un ser querido, que mi hermano se fuera a la guerra. Un día cualquiera, de hace unos 20 años, un automóvil castrense frenó junto a nuestro coche. Lo observé, como siempre, sintiéndome intimidada y desprotegida. Con nerviosismo, pregunté a mi mamá si habría guerra en México. «No mi amor, México tiene un Ejército de paz, de labores de salvación. En este País no habrá guerra nunca», respondió. Mi madre, que pertenece a la generación de las mamás que lo saben todo, por primera vez se equivocó. Hoy, las escenas más violentas son parte de la panorámica de este País, tierra que se desmorona en una refriega en la que es imposible saber quién es el enemigo.

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