Las papilas gustativas pierden su potencial con el paso de los años, salvo en mi caso. De un tiempo para acá, todo sabe mejor. Un martini de frutos rojos me revolucionó las células de todo el cuerpo; un desayuno, que en realidad fue un paseo, me sació para todo un fin de semana; los chicles-chocolates, que juré nunca probar por ser una aberración, me recordaron a la golosina más dulce que he probado; el té de vainilla con leche sustituyó al café de la tarde, y, aún sin la cafeína, me sentí reenergetizada… Pues sí, ¡qué rica y diferente me sabe la vida ahora! Como al mejor de los días, como al mejor de todos los placeres.
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