Con un día de Kurchenko bastó

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Tomé siete aviones y recorrí cinco ciudades en 21 días para poder irrumpir un día en su nueva vida, la que él eligió. No se lo dije, no quise hacerlo, pero no me encontré con el Tipi de siempre, sino con su versión mejorada, como si le hubieran incluido traje espacial y baterías recargables. Porque lo vi con una paz que nunca antes le conocí; porque es más grande que la última vez; porque miré cómo disfrutaba los pequeños detalles; porque me enseñó, con sus ojos, el mundo en el que vive; porque caminamos por la playa y no nos faltaron palabras pero tampoco nos estorbaron los silencios; porque me enseñó los mejores helados del mundo; porque me llevó a comer como si me hubiera adivinado el pensamiento; porque está tranquilo; porque se ve pleno; porque me contagió con sus risas y porque, aunque me faltó tiempo, obtuve lo suficiente de él para empoderarme, porque, sin saberlo, me dio fuerzas para seguir.

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