– ¿Hola?
– Hola
– ¿Estás bien?
– Sí, disculpa que te moleste a esta hora, pero mañana me voy a vivir fuera del país. Quería despedirme de ti.
– ¿Y eso?
– Una buena oferta de trabajo.
– ¿Por qué no me lo dijiste antes?
– No quería verte, me hubiera hecho daño. Siempre me hace daño verte.
– ¿Y hablar no?
– También, pero así tengo mayor control de daños.
– No sé por qué te hago daño y tampoco sé por qué, si te hago daño, me buscas.
– Tal vez soy masoquista o tal vez aún espero que cambies de parecer y te quedes conmigo.
– Eso no pasará. Esto no es una película de esas que tanto odias.
– Entonces, soy un masoquista, un jodido masoquista que nunca se cansó de esperar. Un imbécil, pues.
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