Yo crecí con el neoliberalismo

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El primer lustro de la década de 1990, cuando comenzaron a sentirse los efectos del NAFTA, firmado en 1989, fueron, en México, los años felices. Para los adultos, el País estaba camino al primer mundo, el tipo de cambio se mantenía en 3.4 pesos por dólar, nuestro Presidente se le ponía al «tú por tú» a los poderosos sindicatos y la clase media confiaba en que habían llegado los tiempos del ascenso social y la meritocracia. Para los niños, de una manera simple, la alegría se traducía en la llegada de los dulces de importación. Así nos hicimos de los Nerds, de los Mamba, de los Runts y las Sweet Tarts, dulces que no eran más ricos ni más baratos que los mexicanos, pero que eran aspiracionales; cedimos a los Juicy Fruit y a los Spearmint de Wrigley’s, y poco a poco nos olvidamos de los Motita; las M&M, el Milky Way y el Snickers ganaron la partida a las Lunetas, el Tin Larín y al Almon Ris, y las palomitas caseras fueron sustituidas por la aparición de las de microondas, aparato que se convirtió en una especie de atractivo turístico de los hogares que los tenían.

En la escuela, las carpetas Trapper Keeper fueron sensación. Quien tenía una se hacía merecedor de la envidia y atención de sus compañeros de clase. Lo mismo ocurría con los cuadernos de la marca Five Star, cuyo diseño fue imitado pero no superado por Scribe y otras marcas mexicanas, o con los colores Berol que perdieron terreno frente a marcas como Crayola.

La moda tampoco se resistió. Los Panam fueron olvidados por los Nike, especialmente con el furor que causaron los tenis Jordan con bomba de aire. Las niñas, adolescentes y jóvenes comenzaron a peinarse y vestirse al estilo de Kelly Taylor o Donna Martin, mientras que el sexo masculino buscaba imitar a Dylan McKay o David Silver, usando, los más atrevidos, pantalones al estilo de Mc Hammer y Vanilla Ice. Por supuesto, las series mexicanas fueron superadas en rating por las estadounidenses, gracias a la irrupción de programas como Save by the Bell, Melrose Place y Beverly Hills 90210.

Llegaron a México Pizza Hut y Dominos Pizza y los McDonald’s se hicieron presentes en todos los barrios del Distrito Federal. Pepsi se aprovechó de la irrupción y popularidad que artistas de la Unión Americana comenzaban a tener en México y comercializó productos de New Kids on the Block. Incluso, trajo, en 1993 a Michael Jackson, quien brilló con su espectáculo en el Estadio Azteca. Así, las marcas pequeñas no pudieron competir con los monstruos de la mercadotecnia gringa, y, sin más remedio, terminaron por extinguirse. Pese a ello, sentíamos que vivíamos el sueño de la evolución.

Yo crecí con la primera ola neoliberal en México, en medio de la euforia que el «error de diciembre» y la devaluación de enero de 1995 cortó de raíz, cuando, lejos de entrar al primer mundo, el País se hizo famoso por el «Efecto Tequila», cuando la clase media se vino a menos, cuando, en una semana, el tipo de cambio pasó de 3.4 a 7.20 pesos por dólar. Junto con la crisis, mi papá perdió el empleo y mi mamá regresó a las filas de la población económicamente activa. También se acabaron los viajes que mi familia y yo realizábamos cada año a Estados Unidos, aunque, como consuelo, el NAFTA nos dejó en los aparadores miles de productos «Made in USA», que se hicieron inaccesibles para nuestros bolsillos.


2 respuestas

  1. Anónimo

    Enano… Los tenis Jordan nunca tuvieron pump de aire, aunque, irónicamente eran «air», de eso nos queda en la condesa, alguien que está licenciado para vender los «air force» customizados. El discurso del neoliberalísmo, no está más apegado a un tema político como el salinísmo y esos menestéres?—- A mí me gustaban los dulces que tronaban en la lengua «Fizz Wizz» y los chicles de Popeye… Ah! y la paleta de Garfield de la cual no podías comer la base… Te mando un abrazo DCcero. Caminaremos alguna vez en National Mall del brazo nuevamente?

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  2. Anónimo

    Querido J.Flo: Hace poco estuve en Washington. Pensé en los grandes días que vivimos allá. Quise que Lalo, Sil y tú estuvieran ahí. Algún día, tal vez, coincidamos nuevamente. Un abrazo…

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