Un día, Tipi, Enrique, Daniela y yo jugábamos a los rockeros. Mi hermano, el más viejo de todos y, en consecuencia, líder de la tribu, tomó mi guitarra rosa de juguete y se autoeligió frontman de la banda, con la gran idea de interpretar Dr. Feelgood, de Mötley Crüe. Como el resto de nosotros éramos unos niñatos ignorantes del glam metal, porque mi hermano a los 10 años se creía melómano, lo más fácil era seguirlo. Así que empezó a entonar la melodía en un tono que parecía entre bolero y balada romántica de los Yonic’s, o tal vez una de esas suavecitas canciones pop que ahora toca cualquier grupito que se siente cool, y cuando intenté imitar su tono, porque yo era la corista, seriamente me dijo: «Tú no cantes, no sabes como es». Sí, yo había hecho el ridículo frente a mi hermano y mis amigos, o eso creí hasta muchos años después, cuando descubrí la verdadera canción.
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