Mi reencuentro con el metal

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Siempre fui la clase de hermana menor que sigue incondicional y endiosadamente los pasos de su hermano. La regla era simple: si Tipi decía, Enano acataba, así que fungí como tacle defensivo, luchador rudo en el cuadrilátero-cama, asistente de fogatas, defensa de fútbol, auxiliar de laboratorio, modelo de cortes de cabello, alcahueta de las Barbies con los G.I. Joe, etc. Lo que me importaba a los 8 años, -como a los 27-, era garantizar su atención y compañía, así que jamás cuestioné su palabra.

Un día, Tipi, Enrique, Daniela y yo jugábamos a los rockeros. Mi hermano, el más viejo de todos y, en consecuencia, líder de la tribu, tomó mi guitarra rosa de juguete y se autoeligió frontman de la banda, con la gran idea de interpretar Dr. Feelgood, de Mötley Crüe. Como el resto de nosotros éramos unos niñatos ignorantes del glam metal, porque mi hermano a los 10 años se creía melómano, lo más fácil era seguirlo. Así que empezó a entonar la melodía en un tono que parecía entre bolero y balada romántica de los Yonic’s, o tal vez una de esas suavecitas canciones pop que ahora toca cualquier grupito que se siente cool, y cuando intenté imitar su tono, porque yo era la corista, seriamente me dijo: «Tú no cantes, no sabes como es». Sí, yo había hecho el ridículo frente a mi hermano y mis amigos, o eso creí hasta muchos años después, cuando descubrí la verdadera canción.


Un comentario

  1. Anónimo

    Este me gustó… Me recordó mucho a alguien especial. Sigue escribiendo… 8)Jflo…

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