Tipi es el orgullo de mi papá. Mi hermano no lo sabe, ni lo intuye, ni se lo imagina, pero es así. Basta ver la cara que Nacho pone cuando habla de él para saberlo. No sé si se lo haya dicho a mi hermano, lo más probable es que no, porque no es un hombre de muchas palabras, pero hace no mucho tiempo lo escuché decir «mi hijo es un chingón» y se le pusieron los ojos rojos. Tal vez Nacho admire de Tipi el coraje que ha tenido para llegar a donde ha querido, pero lo cierto es que no hay día en que mi papá no hable de mi hermano con un respeto que no le profesa a nadie más.
La mirada de Tipi
A los miembros de su tribu, Tipi los considera como una extensión de su colección de muñecos de acción, con los que puede jugar cuantas veces quiere. Su favorito: El Esclavo, Nacho Maza de Pizza, Nacho Botarga Chafa, Gordo, Paquidermo… Además de hacer lo que quiere con él, Tipi celebra las frases, ocurrentes o tradicionales, de Nacho, como si de su superhéroe se tratara. Lo que siente Tipi por Nacho es una especie de adoración, como cuando uno le es fiel a un Dios, en quien cree y confía sin importar las malas pasadas que en el camino se haya encontrado.
Acotación del Enano
Tipi y Nacho parecen opuestos. Uno es el impulso y el otro la pasividad; uno es el acelere y el otro la paciencia; uno es fuego y el otro agua, por eso se necesitan mutuamente para mantener el equilibrio de la tierra. Sin embargo, tienen mucho más cosas en común de las que ellos creen, lo saben sus ansias y su nobleza, su capacidad para poner apodos, sus malas composiciones musicales y sus juegos bruscos, y sobre todo lo saben todos esos silencios que los dos han acumulado durante años y que en esencia significan: te quiero mucho más de lo que en realidad puedo decirte.
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