Me gustaría meterte en una cajita para poder sacarte de ahí cuando tuviera ganas de jugar. Te alimentaría todos los días, te sacaría al sol para que tu piel no se pusiera pálida y te guardaría los días de lluvia para que vieras las gotas sin mojarte. Te haría cosquillas de las que tanto odias, y me darían ansias y te estrujaría hasta que no pudieras respirar. A veces también te mordería, especialmente los dedos gordos de los pies. Para que no te aburrieras, te regalaría canciones nuevas y veríamos películas y te platicaría todo lo que me ha pasado en el día. Luego escucharía tus refunfuños y me enternecería escuchándote queriendo cambiar el mundo. Los días fuera de casa, siempre te llevaría conmigo. Te pondría sobre mi hombro para que vieras el mundo desde mi altura y así me enseñaras cómo miras tú lo mismo que veo yo. También aprovecharía para pedirte que me contaras un secreto, el que tú quisieras y el que yo prometería guardar con una cruz en el pecho. Antes de dormir, te daría un beso en los ojos y quizá uno en la nariz, para que no tuvieras miedo en la oscuridad, para poder, de vez en cuando, aparecer en tus sueños. Me gustaría tanto meterte en esa cajita, en la que haría todo porque estuvieras feliz, pero sólo puedo conformarme con esperar que en algún lugar ya lo seas.
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