Tipi y yo crecimos creyendo que el hogar de los Pipes era una especie de sitio sagrado. Ir a la casa de la Fábrica de Papel Loreto y Peña Pobre era para nosotros motivo de ilusión, porque tenía un jardín que creíamos inmenso, porque siempre había rincones nuevos para explorar, porque ahí siempre nos supimos queridos, porque podíamos hacer lo que nos hiciera felices sin preocuparnos por las consecuencias. Ahí aprendimos a caminar sobre la mesa del comedor y a andar en bicicleta; conocimos Odisea Burbujas y nos hicimos expertos en Timbiriche y Vaselina; vimos el final de Diana Salazar -y no pudimos dormir del miedo-; odiamos las cosquillas del «Peperami Swantástico» e inventamos historias de terror que sucedían en el espacio tenebroso de los columpios. Era, para decirlo claro, un lugar en el que podíamos ser plenamente niños y plenamente libres.
II
En 1985, en plena crisis económica, Carlos Slim compró la mayoría de las acciones de la planta de celulosa del Grupo Loreto y Peña Pobre. Dos años después, durante la inauguración de Parque Ecológico Loreto y Peña Pobre, el Presidente Carlos Salinas anunció el cierre definitivo de la empresa que alguna vez perteneció al señor Alberto Lenz, un alemán que siempre vio por sus trabajadores. Algunos aseguraron que se debió a la presión de grupos ambientalistas, pero lo cierto fue que Slim tenía planes distintos para el lugar: el Centro Comercial Cuicuilco. Los cimientos de la nueva plaza se construyeron sobre los sueños rotos de cientos de trabajadores y sus familias, que ahí dejaron los mejores años, las ganas y los recuerdos.
III
Hace dos días, para conmemorar un año de la muerte de «Don Geli», mi familia y yo asistimos a la capilla de la Divina Providencia, en la ex fábrica de papel. En el antiguo hogar de los Pipes, hoy yace el Piantao, un restaurante de comida argentina, que prácticamente conservó toda la estructura de la casa que alguna vez nos llenó de ilusión. También se quedó con el bonito jardín, aunque ya no es tan grande como recordaba. El árbol que mi hermano usó como fortaleza de sus muñecos de acción sigue en pie y el rincón tenebroso de los columpios fue tapado con madera. Supe que poco antes de morir Pipe regresó a regañadientes, pero no imagino cómo él y Susa resistieron ser comensales en donde alguna vez crearon el mejor lugar sobre la Tierra. Yo sentí que me robaron un poco de corazón, seguramente ellos ahí lo dejaron enterrado.

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