
A veces te enredas por despistado, pero la mayoría de las veces lo haces por tarado o por necio, que muchas veces es lo mismo. Le das una y otra y otra vuelta, esperando que las cosas se arreglen por milagro, aunque sólo terminas por empeorar la situación. Te enmarañas, por la acción o por la inacción, con lo que sólo terminas por hacer más complicado el nudo, al punto de no saber por dónde empezar a deshacerlo. Pero, como en una bola de estambre, debes buscar el final de la hebra, tener mucha paciencia y reparar, poco a poco, los embrollos que creaste, y, sólo hasta que el hilo esté completamente desenredado, puedes pensar en enrollarlo como debe ser.
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