A veces pasa que alguien, un perfecto desconocido, puede arrancarte el más sensato suspiro. A veces, también pasa que ese desconocido ni siquiera está cerca de ti, pero está empeñado en no pasar desapercibido, y te lo hace saber cada que puede y te escribe algo como esto:
Algún día, tus arañas se harán chiquititas e insignificantes, y acabarás teniéndoles lástima. Y te reirás de ellas.
Algún día, el pegamento colocado con paciencia y ternura entre los resquicios de tu persona se solidificará y pasará a formar parte de ti.
Algún día, dejarás de sufrir por desamor. La vida, no te voy a engañar, seguirá siendo jodida y difícil, y llena de retos, pero tus preocupaciones serán por cosas y personas por las que valga la pena preocuparse.
Algún día, será mayoría la gente que piensa que homenajear en público a la mujer que te lo ha dado todo no es una cursilería, sino un acto de amor puro que nos reconcilia a todos con la (jodida) raza humana.
Te lo juro por la vértebra que te sobra.
Entonces, tú, que últimamente te debates todo el tiempo entre reír o llorar, decides regalarle una primera sonrisa y escribirla para contarle, si algún día te lo encuentras, que ese día elegiste creer.
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