Blindaje

Avatar de DEVA
Después de la guerra, decidiste no volver a pelear. Fueron tantas tus heridas, tus temores, que te pusiste una coraza completa para que nadie más volviera a hacerte daño. Con el blindaje se te fue la ilusión; pensaste que sería más fácil no correr riesgos, así que preferiste no involucrarte y dejar de creer. Para despistar a los enemigos, a tu armadura le pusiste un disfraz, una sonrisa para camuflar el opaco y duro metal, algo que te permitiera vivir sin dar explicaciones, algo que jamás nadie cuestionaría, nadie, salvo tú.
***
Cuando te encontré, me estampé con tu armadura. Fue fuerte el golpe pero me dio curiosidad saber qué había debajo de esa pesada cubierta que te impedía moverte con libertad. No quisiste dejarme ver, pero subestimaste mi necedad, y un día, en que pensabas que nadie te observaba, decidiste quitarte el caparazón aquel. Descubrí, entonces, que eras solo una persona que tenía pena de mostrar sus cicatrices, porque no habías comprendido que eso era precisamente lo que te diferenciaba de los demás, porque nadie te explicó que esas imperfecciones eran lo que le daba sentido a la vida.
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Aún no has decidido creer en nadie, ni en Dios, la vida, el cosmos o el tepache. Nada. A mí se me arrugan las tripas cuando te veo pelear contra ti mismo, pero sé que un día saldrás del estuche y te arriesgarás a reconstruir los daños… lo más fácil es comenzar por donde aún no los hay.


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