Reaparición

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Regresó mi suerte. La perdí a inicios de 2010 y desde entonces las cosas no andaban bien. Asalto, choque, tarjeta clonada, objetos desaparecidos y crisis nerviosa por estrés laboral fueron algunos de los accidentes de menor relevancia. También extravié la chispa, me reía poco y, si tuviera que definir con una palabra mi mirada de los últimos 12 meses, ésta sería ausencia. Estuve, además, más refunfuñona que de costumbre, gruñona diría yo, tenía miedos inexplicables y, aunque nunca tuve apatía, sí podría haberme catalogado como renuente. Pero, horas antes de acabar el 2011, algo cambió. Un click, un reacomodo, un quiebre, una compostura y, ¡boom!, para arriba, al grado que he encontrado mucho de lo que perdí, y hoy que reapareciste, porque siempre fuiste el mejor de mis amuletos, me doy cuenta cuánta falta me hacías.


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