Falló tu programación, te desconfiguraste y se dañó tu sistema operativo. Fue un virus el que causó el error, uno de esos malware que sustituyen los códigos buenos por malos. De ser noble y sensible, te convertiste en egoísta y apático; tu amabilidad y sencillez fueron sustraídas y a cambio te dejaron un montón de archivos superficiales llenos de basura. Dejaste que la vanidad afectara tu memoria RAM y en el camino te olvidaste de la humildad. Como no hubo antivirus que te limpiara, ningún software que restableciera tu configuración original, tuve que resetearte. Temí, confieso, que tu disco duro se hubiera dañado por completo y que no quedara ni un rastro de lo que alguna vez fuiste, pero regresaste, con todas esas cosas buenas que yo añoraba, con todas las funciones que siempre me hicieron reír.
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