
Hoy aparecieron los cadáveres de los hermanos Magdalena y Elías Reyes Salazar y el de su esposa, Luisa Ornelas. Fue en el Valle de Juárez, en Chihuahua, cerca de donde fueron plagiados el 7 de febrero. Después de su desaparición, Sara Salazar, madre de Magdalena y Elías, y sus dos hijas, Marisela y Claudia, iniciaron una huelga de hambre frente a la Fiscalía General del Estado, para exigir a las autoridades el regreso, con vida, de sus familiares. El 15 de febrero, mientras se manifestaban con el ayuno, la casa de Sara fue incendiada. Sin embargo, ella no cedió en su lucha, no perdió la esperanza pese a que, en enero de 2010, ya había perdido a su hija Josefina, una de las activistas asesinada por exigir el esclarecimiento de los feminicidios en la entidad y por denunciar violaciones a los derechos humanos en los operativos antinarco del Ejército. En agosto de ese mismo año, a Rubén, hermano de Josefina e hijo de Sara, también le quitaron la vida. Hasta el momento, de todos los crímenes que han sufrido los Reyes Salazar NINGUNO ha sido esclarecido. Incluso, la subprocuraduría encabezada por Jorge González ni siquiera ha recibido o dado respuesta a las peticiones de Sara, Marisela y Claudia ni a las de la gente indignada de tener que vivir con temor. ¿Por qué? Quizá porque en este país prefieren solaparse los delitos en lugar de hacer caer las cabezas de los responsables; quizá porque es más cómodo ignorar la justicia que resolver la violencia producto de una sociedad desmembrada; quizá porque las complicidades pagan y los encarcelamientos matan, o quizá porque es otro más de esos crímenes de Estado que buscan acallar las voces de los que piden paz.
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