Carmela Mejía Benítez, de sesenta años, cuidaba a dos de sus nietos, de seis y dos años, cuando un comando de sicarios atacó su hogar. Los hombres buscaban a un individuo que se había refugiado en la zona donde ella vivía, en la Colonia Simón Bolívar, en Acapulco, Guerrero; rafaguearon el lugar con más de 200 tiros. El instinto protector de Doña Carmela la hizo abalanzarse sobre los niños y abrazarlos para protegerlos de las balas, pero los tres quedaron muertos sobre el piso de tierra del humilde hogar. En otra vivienda cercana, una mujer y una bebé de tres meses resultaron heridos. Los pistoleros, como ocurre en cientos de casos, huyeron.
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Catorce de las 45 viviendas que existen en el poblado Carboneras, en Durango, fueron quemadas por un grupo armado. La localidad, compuesta por unos 250 indígenas, está cerca de Tierras Coloradas, donde, el 28 de diciembre, un comando también incendió casi la totalidad de las viviendas. Según el Gobernador de Durango, en su entidad no se ha perdido el control.
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El hermano de un testigo del homicidio de la joven Rubí Frayre fue ejecutado junto con otros dos familiares, en Ciudad Juárez, Chihuahua. En la casa del crimen fueron encontrados dos bebés, uno de siete meses y otro de dos años, quienes resultaron ilesos, aunque presenciaron el crimen. La Fiscalía General del Estado aseguró que no hay ninguna relación entre los homicidios y la investigación que sigue por el asesinato de la activista Marisela Escobedo, quien murió frente al Palacio de Gobierno, cuando exigía justicia por el asesinato de su hija, Rubí. Nadie fue capturado.
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Un coche bomba estalló frente a las instalaciones de la dirección de Seguridad Pública de Ciudad Victoria, Tamaulipas. El automóvil estaba estacionado afuera de un jardín de niños, donde había maestros que realizaban jornadas de comunidades de aprendizaje con cuatro niños. El parte oficial fue de daños a una patrulla y a cuatro vehículos particulares, algunos destrozos en el edificio de la corporación y varios vidrios rotos del colegio y negocios cercanos. No hubo ningún detenido por el atentado.
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Los niños que sobrevivieron ayer son los hijos de la violencia de este País, son los huérfanos y posiblemente los «ninis» del futuro, son, tal vez, los próximos victimarios. Los que murieron son el resultado de un Estado que no ha sabido detener su descomposición, que se pudre y apesta, aunque los de arriba se tapen la nariz.
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