Cosa auténtica

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El miércoles 6 de abril, miles de mexicanos de veintiún entidades acudieron al llamado del poeta Javier Sicilia, cuyo hijo fue asesinado el 28 de marzo junto con otras seis personas, y salieron a las calles a manifestar su rechazo a la violencia y a exigir a las autoridades respuestas y soluciones. A diferencia de otros movimientos, cuyos organizadores han buscado el reflector y se han politizado, estas movilizaciones ciudadanas registradas a lo largo y ancho del País fueron auténticas, tanto, como el miedo y frustración de millones de mexicanos. Mientras se realizaba la Marcha por la Paz, 59 cadáveres en San Fernando, Tamaulipas, eran retirados de ocho fosas clandestinas, 5 personas morían en una balacera en Tepic, Nayarit, y se registraban ataques a cuarteles policiacos. También, cientos de usuarios de Twitter manifestaban su incredulidad y despreciaban los reclamos de paz, asegurando que la violencia no acabaría. Su indiferencia, su pasividad y su desesperanza era tan auténtica como los 87 ejecutados que México sumó ese día.
Dos jóvenes de Monterrey quieren retratar a 31 mil personas, equivalentes a 31 mil asesinatos al estilo del crimen organizado registrados desde que inició el Gobierno de Felipe Calderón. Diego Huerta, fotógrafo, y Daniela Gutiérrez, productora, quieren repoblar, de manera simbólica con las fotografías, las ciudades que han sido azotadas por la ola de sangre, como Ciudad Juárez, Chihuahua o Monterrey, Nuevo León, donde muchos han muerto y muchos más han huido de la masacre. La idea, que no tiene fines de lucro, dicen, es recordarle a la gente que no está sola. Los creadores han recibido respuestas auténticas de solidaridad de estadounidenses, holandeses, británicos y mexicanos, pero también han sido criticados por quienes creen que sus retratos serán un catálogo para secuestradores y extorsionadores. Su razonamiento es tan auténtico como las bases de datos de las autoridades federales que se pueden conseguir por una módica cantidad en el mercado negro.
Ayer, la legisladora panista Rosi Orozco, quien ha impulsado reformas contra la trata de personas, tuvo la «ocurrencia» de llevar a la Cámara de Diputados víctimas de abuso sexual relacionadas con el caso del empresario Jean Succar Kuri. Durante la sesión en la que se discutió el eventual traslado de Succar Kuri a un penal de alta seguridad, la panista pidió un aplauso para las víctimas, muchas de ellas menores de edad, que entraron al salón del pleno disfrazadas con antifaces multicolores. ¿Qué buscaba la diputada? ¿Mofarse de lo que ella tanto ha defendido? ¿Se le olvidó que lucrar con una víctima violenta su dignidad? Esa dualidad, ese doblemoralismo es el que auténticamente tiene hasta la madre a los mexicanos.

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