
2 de julio. Llegamos a la estación Victoria. No tenemos hospedaje pero tenemos suerte y conseguimos lugar en un hostal de indios. Nos quedamos seis personas en una habitación por un precio razonable, razonable, claro, para ser la capital más cara del mundo.
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2 de julio. Visitamos la Abadía de West Minster, el Parlamento, el Palacio de Buckingham, el Hyde Park y otros sitios. En general, no me gusta la arquitectura londinense, me parece que no es armoniosa. Comemos caro y nos quedamos con hambre, así que Sil me recuerda que Londres siempre te roba. Vamos al Tate Modern y, tras recorrer las salas, nos sentamos en medio del museo y nos reímos recordando historias que deberían ser íntimas. Cuando el Tate cierra, el plan es muy sencillo: recorrer todos los pubs que podamos.
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3 de julio. Llega el día por el que planeamos todo el viaje, el Wireless Festival 2011. En México hay elecciones en cuatro estados, y es la primera vez en cinco años que no estaré presente en una redacción el día de los comicios. Siento remordimiento. Llegamos como a las 14:30 horas al concierto. Vemos a The Horrors, a TV on the Radio, a The Hives, a Cut Cupy, a los Foals y un poco de Metronomy. Cuando Grace Jones termina, estamos ansiosos, espectantes y nerviosos. De pronto, ¡boom! Pulp en el escenario, como siempre lo deseamos y pensamos imposible. El lugar está a reventar, todos brincan, gritan y se desgarran. Diez años después de la última vez que tocaron juntos, Jarvis Cocker sigue siendo un caballero, el último caballero inglés, decimos. Habla con su público, interactúa con él, se entrega a él y les corresponde el lleno total. Suena Disco 2000 y mis amigos y yo sabemos que ese momento difícilmente podrá igualarse. Deseo que lleguen Underwear y This is Hardcore y se me concede. Sólo les falta Like a Friend, pero no nos importa mucho, porque ha sido un día para no olvidar.
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