Tatuajes

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Cuando Joel conoció a Fina, supo que la búsqueda había terminado. No se equivocó. Al inicio, ella se dejó llevar por los comentarios poco favorecedores que sobre él rondaban, así que resistió lo más que pudo, poco menos de tres meses. A ambos, la espera les pareció una eternidad, pero era necesario que ella estuviera segura de sus intenciones y era necesario, también, que él se hiciera de la paciencia y la perseverancia. “Te voy a hacer feliz siempre, pero para que lo veas tendrás que pasar el resto de tu vida conmigo”, le dijo un día Joel a Fina. Fue entonces cuando ella, quien siempre fue cautelosa, supo que así sería. Después vino lo natural: conocerse, comprometerse, acoplarse, madurar, crecer, ser pareja. Hace un par de años, para celebrar sus bodas de oro, Joel y Fina, ya con canas y cansancio, decidieron tatuarse con el signo de infinito, como su amor. Así sellaron su historia, así celebraron haberse reencontrado en esta vida.


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