Cuando los amigos se casan

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Mis amigos y yo sufrimos, en carne propia, el primer matrimonio de nuestro grupo, el de los Chinos. No es que nos involucráramos en cada uno de los preparativos, pero el empeño y el ánimo siempre estuvieron presentes. Los hombres cumplieron gustosos su promesa de pagar el alcohol en la primera boda, mientras que nosotras asistimos a la despedida de soltera con jueguitos y esas cosas. Viajamos también previo al gran enlace, nos hicimos confesiones y me emborraché. Hombres y mujeres compramos vestidos y accesorios e invertimos tiempo, dinero y esfuerzo para la ocasión, incluso el Doc se puso una guayabera y Sil los tacones más altos de su vida. Todos estábamos ansiosos. Una semana antes del evento del 26 de mayo, me dio un ataque de colitis nerviosa, como si yo fuera la novia, claro, y tuve ese presentimiento de cuando sabes que algo que amas tanto está por cambiar. Pues bien, visiblemente no ha cambiado nada desde entonces, aunque en el interior prevalece un sentimiento de nostalgia, el de saber que ya hemos crecido.

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