Esta es la segunda vez que sueño contigo. Estabas contento, gruñón pero contento. Te encontraba frente a mi casa. Aunque ya eras mayor, te veías fuerte, con la cara rejuvenecida, como en la mítica foto de Peña Pobre, en la que traes tus Ray-Ban. Me sorprendió que estuvieras ahí y te dije “¡qué suave que viniste, pensé que estabas muerto!”. Y entre refunfuños y risas respondiste: “¡qué voy a estar muerto!”. Entonces, te daba el brazo para ayudarte a cruzar la calle y entrar a casa, donde todos te esperaban para celebrar tu cumpleaños. Te sentaste en la silla de siempre y realmente estabas feliz. Por alguna extraña razón, apareció una iguana y tus hijas armaron un escándalo, pero a ti eso te provocaba carcajadas. Desperté en ese momento y sonreí porque, claro, ¡qué vas a estar muerto!

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