Hay días inevitables. El de Chagall, ayer, fue uno de esos. Escuché su nombre por la mañana, entre risas y bromas, sobre a qué pintor elegiría para ser mi maestro. Después, Luis me dijo que, si fuera un cuadro, sería uno de Chagall, y, aunque siempre pensé que sería un Van Gogh caótico, colorido, disparatado, no me pareció tan mala idea. Por la tarde llegó, más a propósito que sin querer, una imagen de «La caminata», perfecta, toda, de principio a fin, y, por la noche, lo inesperado, encontré un libro de Chagall en el supermercado, a un precio módico y con una muy bonita edición. Al cierre del día, llegó a mis manos un escrito justo y preciso, sin posibilidad de ser ni más ni menos bello, porque, como es, comprende la totalidad del amor, con la combinación precisa de dulzura y locura, tal y como Chagall lo hubiera plasmado.
Pintura: La Caminata
Los cuadros de Marc Chagall
Es tiempo de no quedarnos guardados.
Me parece justo confundirte,
perderte en alguno de los cuadros de Chagall,
ambos tenemos las rodillas chuecas,
y tú tienes todos esos colores y formas que se necesitan,
yo tengo algo, también,
pero tú, tú eres todo el lienzo.
A veces, cuando duermo y mis ojos están cerrados
me da miedo que te quedes quieta,
que te quedes suspendida en colores,
que te vayas volando sobre los tejados como un cometa,
por eso me cuesta dormir,
sé que pararías en alguno de esos cuadros,
tienes toda la pinta.
Ya me parece justo, también,
decirte entre la tolvanera de los tiempos
que ayer , mientras te metías cerca de mi brazo,
te vi como esa vez, que pasabas apenas tocando el piso
y cuando por fin encontraste lo que buscabas
te volviste agua y, entonces,
mis suspiros se volvieron tu aliento
y tu aliento se volvió mi rezo
y mi rezo
se volvió tu mirada
se volvió tu mirada
y tu mirada se volvió
todo eso que tenía sentido
todo eso que tenía sentido
y sólo,
así, pudimos encontrar el sueño de nuevo.
así, pudimos encontrar el sueño de nuevo.
Tantas veces nos pensamos
y esas que no,
¿cómo pudimos desperdiciar el tiempo?
Vamos planeando encontrarnos de nuevo
sin despedirnos, como siempre ha sido,
seguro te encuentro por ahí,
en algún cuadro de Chagall, muy acomodada,
con lo los pies entre el cielo y la tierra
y la mirada esa que tienes, como dulce y perdida
y que sabe todo,
cerca de estrellas o árboles,
y tomas mi mano y nos llevamos
y me llevas y Chagall,
nos pinta de nuevo.
Texto: LCV

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