Advertencia: te presento a mi familia

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Mi familia materna es de película. Por decirlo de algún modo, es peculiar. Algunas palabras que la definen son: muégano, metiche, ruidosa, fregona, divertida, mal hablada, dramática, mitotera, eufórica. Por eso creo que peculiar la describe bien, sin tener que ahondar en detalles. Sin extrapolar, mis primos, especialmente los mayores, saben lo trágico-cómico que resulta a veces tener que presentarles a alguien, como a tu nueva pareja. Por ejemplo, entre las frases que pueden sonar en ese primer encuentro están: “estás muy fe@ para mi sobrin@”, “oye, papacito/mamacita, muévete que aquí todos cooperan por igual”, “¿no te da vergüenza andar con eso?”, “estás muy flaca o zambo o chueco”, “sigue comiendo gordit@”. Por eso afirmo que es como de película… al menos, como la de My Big Fat Greek Wedding.
 

Algunas veces, los nietos, que al parecer somos poco más cuerdos, tenemos que advertir a los invitados que pueden recibir comentarios imprudentes o incómodos, como amenazas de muerte o advertencias. Eso sí, cualquier exhortación no es sino para proteger a los miembros de la dinastía.
 

En otras ocasiones, tenemos que poner en orden a mis tíos y mi abuel@, y explicarles que las personas pueden sentirse heridas ante algunos comentarios. Cuando esto sucede, después de tener que escuchar la respectiva letanía acompañada de un poco de teatralidad por no valorar su buena intención, lo que hacen es intentar ser cautelosos y actuar con una naturalidad poco creíble.
 

Con el tiempo, si es que no sale corriendo, el “extranjero” descubre por sí mismo que, para mi familia, los filtros sociales son tratados inútiles y que no tienen sino una forma muy transparente y poco convencional de amar. Lo cierto es que, cualquiera que supere la prueba, sabe que es un privilegio formar parte de este fantástico y poco común clan y que, al menos, se divertirá conociendo a la próxima víctima.
 

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