Tal vez al principio encuentres raro que el resto de la gente reciba abrazos y caricias como expresiones físicas del amor, mientras tú recibes apretones de pierna, mordidas, el peso muerto de tu papá sobre ti o su aliento sobre tu cara. También querrás saber por qué tu papá aprieta los labios, abre los ojos como desquiciado y respira como si fuera a bufar, mientras simula con el puño cerrado que te está golpeando; o por qué te pone muchos apodos según te relacione con algo que le ha parecido genial; o por qué te compone canciones tontas; o por qué, cuando está más feliz, te dice palabrotas que a la gente común y corriente le parecerían ofensivas.La explicación es simple: tu papá se parece demasiado a tu abuelo, mucho más de lo que él cree. Verás, Nacho se encargó de rodearnos del amor más puro, instintivo y primitivo. Por eso, tu papá aprendió que da igual un apretón de piernas que un abrazo, porque lo importante es recordarte que está ahí. Aprendió también que, en medio de la mala entonación de una melodía imperfecta e inventada, se esconden los “te quiero” y que una grosería seguida de un apodo sin sentido sólo significa “eres mi persona favorita”. Sí, es extraño, pero las expresiones ansiosas de tu papá, su rudeza, su torpeza y su sonrisa después de haber jugado bruscamente contigo, tienen un origen puro y bonito, porque tu abuelo le enseñó que no se necesita ser dulce y tierno para expresar el mejor y más leal amor.
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