Charlas con Eugenio: la importancia de ser amable

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Cuando tu papá tenía unos tres o
cuatro años, vio por primera vez a un hombre pequeño, de talla muy baja. Como a
cualquier niño, a tu papá le generó impacto y curiosidad y preguntó a tu abuela
por qué el señor estaba raro o chistoso. Tu abuela le llamó la atención y le
explicó que jamás debía ofender a nadie, sin importar las diferencias o las
circunstancias. Tenía razón. Tu papá y yo siempre vimos a tu abuela ser amable
con todas las personas. Siempre fue intachable, una dama en toda la extensión
de la palabra. Nunca la escuchamos hablar mal de nadie, ni criticar ni despreciar.
Recibió bien  e hizo bien a toda la
gente, incluso a aquella que alguna vez la dañó. Fue paciente y consciente con
cualquiera, sin importar edad, género, raza, estrato social o religión. La
sociedad se esmerará en etiquetar a las personas, en clasificarlas, en
definirlas. Te dirán que hay colores, clases y niveles, pero, en realidad
seguirán siendo solo personas, con la misma piel y sueños que tú. Sé cordial. Ayuda. Asegúrate
de tratar bien a cada uno de los seres humanos con los que te topes, asegúrate
de dejar algo bueno en cada una de las personas con las que te cruces en el
camino. Haciéndolo, crearás luz. Eso es trascender, como trascendió tu abuela con
la amabilidad como su legado. 

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