Charlas con Eugenio: tu abuela y tu papá

Avatar de DEVA
El amor por un primogénito siempre será especial, único, irremplazable y casi sagrado, pero, en el caso de tu abuela, su amor también fue aguerrido, combativo, persistente, y muy pero muy tenaz. Aunque fue un niño noble, leal y adorable, en su adolescencia y un poco más, tu papá fue, verdadera y profundamente, un dolor de cabeza. Fue tu abuela la que cargó con el mayor peso de tener que aguantar a un imberbe rebelde, contestón, rebuscado y peleonero. Intentó casi cualquier correctivo. Castigos de los más blandos a los más rígidos. Conversaciones plausibles y pausadas y otras a grito pelado. Batallas campales que perduraron horas, días, meses y años. Chispas que se convirtieron en incendios e incendios que terminaban siendo infiernitos. Hubo, incluso, actuaciones y diálogos propios de una tragedia griega, persecuciones de extremo a extremo del escenario y un par (varias), bofetadas, puertas cerradas con ganas de ser escuchadas… Tan solo verlos, resultaba agotador. Es curioso, tu abuela podía enfadarse con cualquiera de los miembros de su tribu y la vida le fluía igual, pero, si lo hacía con tu papá, no había luz suficiente que la calentara, ni regalo que la hiciera sonreír ni milagro que le devolviera la paz. Sólo mi hermano podía llevarla en un santiamén de la gloria a la desgracia o del llanto a la carcajada, así de grande es el poder del primer hijo.
Pero el tiempo sirve, entre muchas otras cosas, para adquirir perspectiva y comprensión real. Es irónicamente feliz el saldo de la batalla, si lo miras en retrospectiva: mi hermano se endeudó de por vida con mamá y aun así, él salió ganando. 
– Si hubiera sabido que te convertirías en un buen hombre, no habría peleado tanto contigo, le dijo tu abuela. 
– Me merecía todas y cada una. Si no lo hubieras hecho, no me habría convertido en lo que soy, respondió tu papá. 
No habrá “gracias” suficientes que le alcancen para pagar, aunque mi mamá ni siquiera se las cobra. De hecho, empiezo a sospechar que ya hace varios siglos olvidó que alguna vez libró épicas cruzadas. Lo que ella jamás olvidará es que mi hermano encabeza la lista de su Olimpo, pues él le dio el privilegio de ser y hacerse mamá. Yo nunca la vi mirar a nadie como lo miraba a él, con luz en los ojos, con amor y con admiración y compasión simultánea. Luis fue realmente el único hombre del que se enamoró a primera vista… hasta el día que te conoció.

Deja un comentario