No entiendo cuál es el objetivo de ganar una pelea. “Tener
la razón” en una discusión no sirve para nada, salvo para alimentar el ego,
que, en todo caso, a ese hay que dejarlo morir de hambre. No, no me
gustan las peleas, los berrinches o los reproches, ni me gustan los juegos de
estrategia porque no sé jugarlos. ¡Por Dios, mis primos no me invitan a jugar
Risk porque creen que soy demasiado pacifista! ¿Recuerdas? Tampoco digo las
cosas entre líneas. Digo lo que es. No digo sí, pensando en no, ni no pensando
en sí, intentando que adivines lo que me pasa. Siempre te digo lo que me pasa,
sin filtros. Ya sabes, soy como un niño con pechos. Así que tú puedes discutir
todo lo que quieras, pero te toparás con mi paciencia, porque un día te prometí
que espantaría a los fantasmas, que acabaría con tus demonios y que
aprenderíamos juntos a domar a tus dragones, aunque me llevara toda la vida en
ello. Y a mí me gusta cumplir mis
promesas, a todos nos debería gustar cumplirlas, porque nuestra palabra y
credibilidad es lo único que tenemos, pero esta en especial, porque el último
día de mi vida, quiero que tomes mi mano y me digas al oído “tenías razón, este
fue el amor más bonito del mundo. Te veo en la siguiente vida”. Y esa, ¿sabes?, es
la única guerra que quiero ganar.
la razón” en una discusión no sirve para nada, salvo para alimentar el ego,
que, en todo caso, a ese hay que dejarlo morir de hambre. No, no me
gustan las peleas, los berrinches o los reproches, ni me gustan los juegos de
estrategia porque no sé jugarlos. ¡Por Dios, mis primos no me invitan a jugar
Risk porque creen que soy demasiado pacifista! ¿Recuerdas? Tampoco digo las
cosas entre líneas. Digo lo que es. No digo sí, pensando en no, ni no pensando
en sí, intentando que adivines lo que me pasa. Siempre te digo lo que me pasa,
sin filtros. Ya sabes, soy como un niño con pechos. Así que tú puedes discutir
todo lo que quieras, pero te toparás con mi paciencia, porque un día te prometí
que espantaría a los fantasmas, que acabaría con tus demonios y que
aprenderíamos juntos a domar a tus dragones, aunque me llevara toda la vida en
ello. Y a mí me gusta cumplir mis
promesas, a todos nos debería gustar cumplirlas, porque nuestra palabra y
credibilidad es lo único que tenemos, pero esta en especial, porque el último
día de mi vida, quiero que tomes mi mano y me digas al oído “tenías razón, este
fue el amor más bonito del mundo. Te veo en la siguiente vida”. Y esa, ¿sabes?, es
la única guerra que quiero ganar.
Deja un comentario