¿Qué define más a la raza humana: la crueldad o la capacidad de
avergonzarnos de ella?… Es el perdón lo que hace de nosotros lo que somos. Sin
perdón, nuestra especie se habría aniquilado en infinitas represalias. Sin
perdón, no habría historia. Sin esa esperanza, no existiría el arte, pues toda
obra de arte es, en cierto modo, un acto de perdón. Sin ese sueño, no habría
amor, pues todo acto de amor es, en cierto modo, una promesa de perdón. Seguimos
vivos porque podemos amar, y amamos porque podemos perdonar.
avergonzarnos de ella?… Es el perdón lo que hace de nosotros lo que somos. Sin
perdón, nuestra especie se habría aniquilado en infinitas represalias. Sin
perdón, no habría historia. Sin esa esperanza, no existiría el arte, pues toda
obra de arte es, en cierto modo, un acto de perdón. Sin ese sueño, no habría
amor, pues todo acto de amor es, en cierto modo, una promesa de perdón. Seguimos
vivos porque podemos amar, y amamos porque podemos perdonar.
Shantaram
Gregory David Roberts
Una breve introducción
Durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña y Francia
prometieron a los árabes que estaban bajo el yugo del Imperio Turco Otomano el
apoyo para constituir una sola nación, a cambio de que éstos les ayudaran a
vencer a sus enemigos. Pese al triunfo de los Aliados y el apoyo que recibieron
de miles de árabes, Gran Bretaña y Francia incumplieron su promesa y, amparados
en el acuerdo Sykes-Picot, decidieron dividir la zona y repartirse el
territorio de Medio Oriente, creando una serie de países nuevos, sin tomar en
cuenta creencias o grupos étnicos.
prometieron a los árabes que estaban bajo el yugo del Imperio Turco Otomano el
apoyo para constituir una sola nación, a cambio de que éstos les ayudaran a
vencer a sus enemigos. Pese al triunfo de los Aliados y el apoyo que recibieron
de miles de árabes, Gran Bretaña y Francia incumplieron su promesa y, amparados
en el acuerdo Sykes-Picot, decidieron dividir la zona y repartirse el
territorio de Medio Oriente, creando una serie de países nuevos, sin tomar en
cuenta creencias o grupos étnicos.
Siria, localizada en el desierto que alguna vez vio nacer a
antiguas civilizaciones como los sumerios o los mesopotámicos, fue uno de esos
países que surgieron tras el fin de la Gran Guerra. En su conformación, no importó
la población, por lo que no es extraño que gobiernen los chiíes, que
representan sólo al doce por cierto, a un pueblo mayoritariamente suní. Su
posición en el mapa siempre fue geoestratégica, ya que es un paso natural entre
oriente y occidente y le da a Asia una salida inmediata al Mar Mediterráneo,
sin dejar del lado que en su territorio hay reservas petroleras y gas natural. Durante años, permaneció bajo la influencia de
los francesas, consiguió su reconocimiento como país autónomo en 1941 y fue en
1946, finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando los franceses la desalojaron
definitivamente.
antiguas civilizaciones como los sumerios o los mesopotámicos, fue uno de esos
países que surgieron tras el fin de la Gran Guerra. En su conformación, no importó
la población, por lo que no es extraño que gobiernen los chiíes, que
representan sólo al doce por cierto, a un pueblo mayoritariamente suní. Su
posición en el mapa siempre fue geoestratégica, ya que es un paso natural entre
oriente y occidente y le da a Asia una salida inmediata al Mar Mediterráneo,
sin dejar del lado que en su territorio hay reservas petroleras y gas natural. Durante años, permaneció bajo la influencia de
los francesas, consiguió su reconocimiento como país autónomo en 1941 y fue en
1946, finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando los franceses la desalojaron
definitivamente.
Al caos geopolítco y étnico resultado del acuerdo
Sykes-Pictot, se sumó uno todavía mayor: la partición del territorio de
Palestina y el reconocimiento de la ONU del estado israelí en mayo de 1948. Desde
el primer momento, los países árabes declararon la guerra al nuevo país, mientras
que éste siempre contó con el apoyo de las potencias occidentales. Aunque
Egipto y Jordania más tarde llegarían a acuerdos de paz con Israel, el
territorio que dio origen a las tres grandes religiones, el lugar más sagrado
para judíos, cristianos y musulmanes, se convirtió, desde entonces en una zona
de guerra sin fin.
Sykes-Pictot, se sumó uno todavía mayor: la partición del territorio de
Palestina y el reconocimiento de la ONU del estado israelí en mayo de 1948. Desde
el primer momento, los países árabes declararon la guerra al nuevo país, mientras
que éste siempre contó con el apoyo de las potencias occidentales. Aunque
Egipto y Jordania más tarde llegarían a acuerdos de paz con Israel, el
territorio que dio origen a las tres grandes religiones, el lugar más sagrado
para judíos, cristianos y musulmanes, se convirtió, desde entonces en una zona
de guerra sin fin.
Siria, además, vivió distintos golpes de estado, desde su
proclamación de independencia hasta 1970, año en que Hafez al-Asad tomó el
poder por la fuerza amparado por el partido Baath Socialista. Al-Asad gobernó
durante casi 30 años y fue sucedido en 2001 por su hijo Bashar al-Asad. En 2011,
debido a la influencia de la Primavera Árabe, movimientos opositores comenzaron
a emerger en el país, en busca de un cambio democrático en el país. La
represión de la dictadura no se hizo esperar y, en respuesta, la oposición
recibió el apoyo de varios países de occidente. Inició una guerra civil, la
cual fortaleció a grupos radicales, como el
Estado Islámico (ISIS), que usan como discurso e inspiración la defensa de la identidad
del islam y la mitología de los antiguos imperios árabes.
proclamación de independencia hasta 1970, año en que Hafez al-Asad tomó el
poder por la fuerza amparado por el partido Baath Socialista. Al-Asad gobernó
durante casi 30 años y fue sucedido en 2001 por su hijo Bashar al-Asad. En 2011,
debido a la influencia de la Primavera Árabe, movimientos opositores comenzaron
a emerger en el país, en busca de un cambio democrático en el país. La
represión de la dictadura no se hizo esperar y, en respuesta, la oposición
recibió el apoyo de varios países de occidente. Inició una guerra civil, la
cual fortaleció a grupos radicales, como el
Estado Islámico (ISIS), que usan como discurso e inspiración la defensa de la identidad
del islam y la mitología de los antiguos imperios árabes.
I
Elías Fattel nació en 1907, en Alepo, en el seno de una
familia textilera. Vio morir a su padre, Rizhala Salim, en la guerra, con el
sueño firme de conformar el panarabismo. Perdió también a dos de sus tres
hermanos: a uno lo devolvieron muerto y de la otra, la más pequeña, jamás
volvieron a saber. A los cuatro se los habían llevado los turcos, pero sólo
sobrevivieron Elvira y él. “Mi madre quería volverse loca. Decía que prefería
saber que su niña había muerto a no saber su destino”, contaba él. En cuanto
Bahiye, su madre, pudo sacar a sus dos hijos del país, los mandó en un barco a
América. Debían llegar a Nueva York, donde ya había paisanos esperándolos, pero
ambos tomaron rumbos distintos. Elías decidió llegar a México, un país que
apenas se recuperaba de los embates de la revolución. Era 1925.
familia textilera. Vio morir a su padre, Rizhala Salim, en la guerra, con el
sueño firme de conformar el panarabismo. Perdió también a dos de sus tres
hermanos: a uno lo devolvieron muerto y de la otra, la más pequeña, jamás
volvieron a saber. A los cuatro se los habían llevado los turcos, pero sólo
sobrevivieron Elvira y él. “Mi madre quería volverse loca. Decía que prefería
saber que su niña había muerto a no saber su destino”, contaba él. En cuanto
Bahiye, su madre, pudo sacar a sus dos hijos del país, los mandó en un barco a
América. Debían llegar a Nueva York, donde ya había paisanos esperándolos, pero
ambos tomaron rumbos distintos. Elías decidió llegar a México, un país que
apenas se recuperaba de los embates de la revolución. Era 1925.
II
Elías conoció a Martha en Tampico, ciudad en la que
desembarcó. A diferencia de Elías, Martha provenía de una familia libanesa adinerada,
por lo que Elías hacía todo por cumplir sus deseos. Se enamoraron y se casaron.
Durante varios años, vivieron en el norte del país y más tarde se mudaron a la
Ciudad de México. Al principio, sin hablar español, Elías salía todos los días
con una canasta llena de chacharitas a vender cosas de cinco o diez centavos.
Martha le ayudaba siempre. Más tarde, ella abrió una cocina y vendía comida
para abonados y gente con recursos limitados. También leía el café y echaba la
baraja. Así fue como los dos, juntos, sacaron adelante a once de los quince
hijos que les sobrevivieron.
desembarcó. A diferencia de Elías, Martha provenía de una familia libanesa adinerada,
por lo que Elías hacía todo por cumplir sus deseos. Se enamoraron y se casaron.
Durante varios años, vivieron en el norte del país y más tarde se mudaron a la
Ciudad de México. Al principio, sin hablar español, Elías salía todos los días
con una canasta llena de chacharitas a vender cosas de cinco o diez centavos.
Martha le ayudaba siempre. Más tarde, ella abrió una cocina y vendía comida
para abonados y gente con recursos limitados. También leía el café y echaba la
baraja. Así fue como los dos, juntos, sacaron adelante a once de los quince
hijos que les sobrevivieron.
III
Elías y su madre intercambiaban cartas a menudo. Él soñaba
con sacarla de Alepo para poder darle una vida mejor, pero cuando reunió el
dinero suficiente, recibió una carta con la noticia de su muerte. Desconozco si
le dolió más no volver a verla o no haberla podido rescatar. Desconozco también
cómo y cuánto sufrió Bahiye, junto con muchos otros sirios que perdieron todo,
incluso la dignidad humana, por una guerra ajena a sus principios y convicciones
y muy lejana a su fe y religión.
con sacarla de Alepo para poder darle una vida mejor, pero cuando reunió el
dinero suficiente, recibió una carta con la noticia de su muerte. Desconozco si
le dolió más no volver a verla o no haberla podido rescatar. Desconozco también
cómo y cuánto sufrió Bahiye, junto con muchos otros sirios que perdieron todo,
incluso la dignidad humana, por una guerra ajena a sus principios y convicciones
y muy lejana a su fe y religión.
IV
Elías siempre fue amoroso y servicial con todas las
personas. Creo que una de las pocas cosas buenas que deja la guerra a seres
conscientes es la intención y voluntad constante de ayudar a todo aquel que lo
necesite. Ayudaba, por ejemplo, dando de comer a gente que no podía pagar o
escribiendo cartas en español para mexicanos analfabetas, pues aprendió a
hablar y escribir el idioma hasta dominarlo. Ayudaba y, mientras lo hacía,
solía contarles a sus hijos lo inmundo de la guerra: ver a tu familia y amigos
morir; no tener comida; buscar entre la basura los restos de algo para poder
alimentarte; quedarte solo; despertarte por el ruido de las balas; dejar todo
atrás… Si algo sabía Elías es que la guerra deja heridas tan profundas que son
incapaces de sanar.
personas. Creo que una de las pocas cosas buenas que deja la guerra a seres
conscientes es la intención y voluntad constante de ayudar a todo aquel que lo
necesite. Ayudaba, por ejemplo, dando de comer a gente que no podía pagar o
escribiendo cartas en español para mexicanos analfabetas, pues aprendió a
hablar y escribir el idioma hasta dominarlo. Ayudaba y, mientras lo hacía,
solía contarles a sus hijos lo inmundo de la guerra: ver a tu familia y amigos
morir; no tener comida; buscar entre la basura los restos de algo para poder
alimentarte; quedarte solo; despertarte por el ruido de las balas; dejar todo
atrás… Si algo sabía Elías es que la guerra deja heridas tan profundas que son
incapaces de sanar.
V
Elías murió el 17 de septiembre de 1972, año y medio después
de que lo hiciera Martha, su adoración, el 25 de marzo de 1971. Mi mamá lo
recuerda como un abuelo dulce y amable. Mi abuela como un papá de familia y de
casa, honrado, trabajador, un hombre que se buscaba la vida día a día. En sus
fotos aparece siempre como un hombre sólido y fuerte, pero su mirada añorante y
nostálgica parece estar en otro lado. Elías fue un refugiado de guerra, un
hombre que nació siendo turco, creció siendo sirio y murió siendo mexicano. Mi bisabuelo
huyó de lo poco que tenía para sobrevivir, como hoy intentan hacerlo miles de
sirios, quienes, por cierto, escapan de lo mismo que occidente quiere eliminar:
una dictadura, una guerra civil y el Estado Islámico. Cerrarles las puertas de
cualquier lugar es sentenciarlos a muerte; negarles un
refugio es consentir y prolongar la masacre que en cuatro años ha dejado más de
250 mil muertos.
de que lo hiciera Martha, su adoración, el 25 de marzo de 1971. Mi mamá lo
recuerda como un abuelo dulce y amable. Mi abuela como un papá de familia y de
casa, honrado, trabajador, un hombre que se buscaba la vida día a día. En sus
fotos aparece siempre como un hombre sólido y fuerte, pero su mirada añorante y
nostálgica parece estar en otro lado. Elías fue un refugiado de guerra, un
hombre que nació siendo turco, creció siendo sirio y murió siendo mexicano. Mi bisabuelo
huyó de lo poco que tenía para sobrevivir, como hoy intentan hacerlo miles de
sirios, quienes, por cierto, escapan de lo mismo que occidente quiere eliminar:
una dictadura, una guerra civil y el Estado Islámico. Cerrarles las puertas de
cualquier lugar es sentenciarlos a muerte; negarles un
refugio es consentir y prolongar la masacre que en cuatro años ha dejado más de
250 mil muertos.
VI
Mi abuela lleva semanas pidiendo orar por las víctimas de la
guerra en Siria, por la gente bombardeada en Líbano y por quienes fueron
atacados en Francia. Pide por la paz, pide que no maten a niños o a familias
que nada tienen que ver con intereses económicos, políticos o sectarios, y lo
hace sin dividir a la gente en religiones, colores o nacionalidades. “Quien
mata a un niño, no tiene alma”, dice. Ella entiende las secuelas que deja
la guerra; entiende lo que es ser un extranjero en un país en el que te miran con
sospecha por no hablar, vestirte o comer como el resto de la población. Sabe
también que difícilmente podrá ir a Siria a buscar a la familia que su padre
dejó atrás, pero mantiene la esperanza de que alguien, en algún lugar del mundo,
le abra las puertas, la adopte y le permita, al menos, lo que su padre tuvo, la
posibilidad de vivir sin balas.
guerra en Siria, por la gente bombardeada en Líbano y por quienes fueron
atacados en Francia. Pide por la paz, pide que no maten a niños o a familias
que nada tienen que ver con intereses económicos, políticos o sectarios, y lo
hace sin dividir a la gente en religiones, colores o nacionalidades. “Quien
mata a un niño, no tiene alma”, dice. Ella entiende las secuelas que deja
la guerra; entiende lo que es ser un extranjero en un país en el que te miran con
sospecha por no hablar, vestirte o comer como el resto de la población. Sabe
también que difícilmente podrá ir a Siria a buscar a la familia que su padre
dejó atrás, pero mantiene la esperanza de que alguien, en algún lugar del mundo,
le abra las puertas, la adopte y le permita, al menos, lo que su padre tuvo, la
posibilidad de vivir sin balas.


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