En algunas tradiciones, se cree que el alma elige al cuerpo en el sexto mes de gestación. Previo a eso, los espíritus van y vienen, observando y probando, de un cuerpo en otro, hasta que eligen su estuche definitivo y, por ende, la familia en la que nacerán. Tú decidiste que papá y yo éramos los indicados, pasando por alto nuestros vicios y defectos, pero sabiendo, seguramente, que te esperábamos con todo el amor del universo. Nos has elegido como tus alumnos y nos has confiado tu vida para darnos las más grandes lecciones, esas que te enseñan la esencia de la existencia humana. Aun sin haber nacido, ya nos has dado clases de prudencia, paciencia, incondicionalidad y amor puro, desmedido y desinteresado. Gestarte no ha significado ningún sacrificio, sólo un gran recorrido por la ruta de la entrega, la humildad, la voluntad y la fortaleza. Y apenas iniciamos el viaje.
Hijo, te llamamos a este plano con toda la consciencia y ganas. El honor más grande es que nos hayas elegido para acompañar tu camino, la mayor bendición será que tu sabia alma guíe el nuestro.

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