Ahí voy, hablando por las calles y en la casa, a toda hora y en todo lugar como si tuviera un manos libres conectado. Me río de repente sin aparente motivo y sonrío al mundo con una complicidad absoluta. Me siento a comer y me tomo el tiempo de disfrutar cada bocado, incluso si se trata de comida que no me gusta. Escucho música y repito las canciones con las que bailarías más y elijo aromas que creo que te gustarán.
Ahí voy, lejos de casa, todos los días con lo mismo, sin gente alrededor, pero nunca mejor acompañada, porque vas a todos lados conmigo, en la barriga.

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