Mi mamá, mi hermano y yo te esperábamos en el coche. Hacía calor y todos íbamos muy elegantes a la boda civil de Luis. Tú no salías y como era costumbre bajé por ti para presionarte. Te encontré vestido ya con tu traje gris, en el comedor y con el palo del trapeador encima de la mesa. “Le estoy poniendo un tornillo para que no se safe”, me dijiste. Te respondí que eso no era prioritario, que lo importante en ese momento era la boda de tu hijo. Además, dije, el trapeador lleva semanas así, ¿por qué tenías que arreglarlo en ese preciso instante? Con tu amable sonrisa me dijiste: tu hermano puede esperarse diez minutos porque estará casado el resto de su vida. Me reí contigo.
…
“Díganle a Nacho que la cita es a la 1:00, para que lleguemos a las 2:00 en punto”, decía mi mamá. Lo hicimos así durante años para que pudieras llegar a tiempo, pero ni eso funcionaba. Siempre encontrabas algo que hacer antes de salir de casa. Nunca te gustó que te presionaran y todos en la familia sabían que llegarías cuando tú quisieras. Nomás llegabas a una casa y te ponías a reparar cosas, te lo pidieran o no; el juguete de alguno de tus sobrinos, el toallero, la chapa de la puerta… Alguna vez me lo dijiste: “si ya vine hasta acá, por lo menos voy a dejar algo mejor de lo que lo encontré”.
…
El 7 de mayo de 2022, a las 14:00 hrs, dejaste este plano, un sábado, en tu casa, junto a tu esposa, como lo imaginabas. Tenías la misma sonrisa de siempre cuando te encontré acostado en la cama. Se sentía exactamente la misma paz, la misma calma y la misma paciencia con la que te ponías a arreglar las cosas antes de partir a algún compromiso. Esta vez no te pusiste a reparar nada, ni siquiera mi corazón, el cual debiste ayudarme a dejarlo mejor de lo que estaba. Llegaste a tu destino final en el momento que tú quisiste y esta vez lo hiciste a tiempo. Sólo me hubiera gustado decirte que te esperaras aunque fuera diez minutos más, porque me ibas a hacer falta el resto de mi vida.

Deja un comentario