Me pregunto si alguna vez olvidamos por completo quiénes hemos sido cuando nos han amado o quienes han sido las personas que nos han amado mientras nos amaron. Yo temo olvidar los detalles de mi padre. No a él, ni a los recuerdos que compartimos, eso permanecerá. No es un tipo de atazagorafobia, sólo temo que la memoria me traicione y un día no pueda recordar los pedazos, los fragmentos. Temo olvidar el sonido de sus pasos, el tono de su voz, sus gestos, su risa, sus lágrimas después de haberse carcajeado, su subir por las escaleras. Temo olvidar la sensación de su mano sobre la mía o sus cuatro palmadas sobre la espalda. Temo olvidar cómo se sentía su peso a los pies de mi cama cuando se sentaba en las noches a hablar conmigo, o el de su mano sobre mi hombro cuando andábamos por la calle. Temo olvidar el sabor de su lechero y el del pan dulce remojado en su café. Temo olvidar sus silencios y su calma y su paz. Temo olvidar su certidumbre, su genialidad, su cordura, su locura pero, sobre todo, temo abrir los ojos un día y no recordar quién era yo cuando estaba mi padre al lado.

Deja un comentario