Paremos el tiempo. Dejemos en pausa todo lo que está alrededor mientras nos vivimos, mientras nos exploramos. Si frenamos todo, si no contamos los días, no llegará la fecha de caducidad a la que tanto tememos. Inventemos todos los días algo nuevo por hacer, algo que respalde la urgencia de vernos. Imaginemos que estamos solos, que dependemos solo de nosotros para lograrlo. Que no acabe, no quiero que acabe. Sé mi rutina, sé mi constante. Hagamos que todos los días sean sábado, que no existan los lunes, que no haya tiempo, y que el único espacio entre nosotros sean los milímetros que quedan cuando contenemos la respiración, en la antesala de juntar tu boca y la mía.
Escucha: Tomorrow

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