A Dios le gustan los rompecabezas

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A Dios le gustan los rompecabezas, esa es la forma en la que construye sus mundos. Ha creado rompecabezas de planetas, de galaxias, de estrellas, de mares, de países, de continentes, pero sus favoritos son los rompecabezas de personas. Primero imagina las piezas, luego las labra, las une y les da vida, porque a Dios también le gusta la magia. A ellos, a los humanos, los llama “las pequeñas cosas”, pero lo hace de una forma amorosa, porque cree que en los detalles chiquitos, casi imperceptibles para el universo, se queda parte de su esencia divina, por eso, a estos rompecabezas los construye como piezas únicas. A Dios le divierten las pequeñas cosas, porque a Dios también le gusta reírse. Le parece fantástico cómo es que él las arma a la perfección y una vez que les ha dado vida, éstas se empeñan en desacomodarse hasta romperse. A algunos se les caen las piezas, otros las pierden, unos más las dañan ligeramente, pero a la mayoría les gusta intercambiar piezas y esa es la parte favorita de Dios. Le gusta cuando las pequeñas cosas intercambian risas, ideas brillantes, su compasión, su buena locura, su espíritu. Especialmente, a Dios le gusta cuando intercambian el corazón con la pareja correcta, porque él creó a las pequeñas cosas en dúo, para que el corazón de una embone en el corazón de otra y viceversa. Lo que no entiende muy bien Dios es por qué las pequeñas cosas a veces se entercan en compartir sus piezas, incluido el corazón, cuando no embonan. Los mira a lo lejos pelearse y desgastarse, los mira llorar y voltearse de cabeza, reacomodarse, reconfigurarse, readaptarse con tal de que sus trocitos formen parte de alguien a quien no les pertenecen. Dios no se queda cruzado de brazos e intenta mandarles señales a las pequeñas cosas, a veces en forma de abruptas despedidas, de engaños, de traiciones, de deslealtades, de pérdidas, de mentiras, de ingratitud. Es entonces, cuando las pequeñas cosas están por deshacerse, que Dios intenta poner las piezas en su lugar. Algunas de ellas parecen ya no encajar muy bien, pero él se encarga de hacer las reparaciones necesarias para que recuperen la belleza con las que fueron creadas. Una vez restauradas, Dios ayuda a las pequeñas cosas a encontrar a su contraparte, una con la que embonarán a la perfección, sin que tengan que hacer presión o sin que haya fuerza alguna para que todo luzca como una imagen de una sola pieza. En ese momento Dios sonríe y disfruta el espectáculo, porque sus rompecabezas favoritos finalmente están completos. Lo que los humanos no entienden muy bien es por qué el Dios de las pequeñas cosas no manda los rompecabezas juntos, desde su fabricación, pero si lo hiciera éstas, de todas formas, encontrarían la forma de desacomodarse… además, a Dios también le gusta jugar a las escondidas.

6 respuestas

  1. Anónimo

    Precioso

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  2. Anónimo

    Precioso

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    1. Anónimo

      Me recordó el poema de Jaime Sabines (Me encanta Dios). Es totalmente cierto, es un tipo muy juguetón que le gusta crear, transformar y sanar esas ‘pequeñas cosas’ por más complicados sean nuestros actos, quiero pensar que nunca completa el rompecabezas, que siempre lo va construyendo de a poco, lo deja un ratito y lo vuelve a acomodar hasta el fin de los tiempos. Por eso, a mi me encanta Dios.

      Juanfran

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  3. Anónimo

    Tomara que você esteja com seu rompecabezas e que cuide bem dele

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  4. Anónimo

    Te pasaste con esta belleza!!!!
    Luisma

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  5. Anónimo

    Increible forma se conocer a Dios!

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