La castigó por pensar, por cuestionar, por dudar de su palabra después de tantas mentiras. La castigó por evidenciarlo. La castigó porque desconfiaba hasta del aire que respiraba. La castigó cada que su paranoia lo traicionaba. La castigó porque estaba estresado, porque no lograba salir adelante, porque el trabajo iba mal, porque el dinero no era suficiente. La castigó cada que tomaba y cuando no podía relajarse con el alcohol, también la castigó. La castigó porque sonreía, porque lloraba, porque reía, porque sentía. La castigó porque ella no tenía derecho al error. La castigó porque no se sometía. La castigó por ser un alma libre. La castigó cada que él fallaba y se sentía culpable. La castigó porque era suya, aunque él fuera de alguien más. La castigó alejando a quienes la querían. La castigó haciéndola sentir culpable por lo que él le hacía a sus seres queridos. La castigó aislándola. La castigó a punta de pistola. La castigó no dejándola seguir con su vida. La castigó llenando su vestido de sangre. La castigó porque la odiaba más de lo que decía quererla. La castigó porque no supo escapar de sus demonios. La castigó por no saber reparar sus errores. La castigó porque él no pudo ser quien quería ser.

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