Lo bueno de enero es que uno puedo equivocarse, porque al finalizar el año todo se habrá olvidado. También es bueno porque los precios bajan, las ofertas llegan, olvidas lo malo, intentas reinventar una vida o curarte el corazón. En enero, la gente aún conserva el espíritu de lograr los 12 deseos que pidió con las uvas, el frío adorna una atmósfera más reflexiva, y las personas miran como si quisieran llegar a algún lugar lejano, pero real. Lo malo de enero es que cuando uno se equivoca lo hace en grande, no se tiene dinero para gastar en las ofertas ni viajar a Puerto Rico, París o Roma. Te das cuenta de que no puedes reinventarte una vida porque, de hacerlo, de nada servirían los 12 deseos de Año Nuevo. El frío prolongado te pone melancólico y el mismo clima te impide salir de casa para llegar a algún lado. Lo importante de enero es que la gente todavía puede recuperar tiempo perdido y no te da pena decirle a la gente lo bueno que es tenerlos a tu lado. Lo importante de enero es, sobre todo, poder decir te quiero sin ninguna explicación mayor.
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