Un periodista difícilmente recomienda seguir su camino, no importa cuánto le apasione su trabajo. No hay que culparlos: viven mal, ganan mal, duermen mal, comen mal y se visten mal, por no decir que la gente suele odiarlos. Pero, al parecer, en la India desconocen la horrible realidad que se esconde tras el papel y la tinta.
Desde hace una década, miles de personas de Dhamtari se reúnen a diario en el pequeño templo de Gandhi, dedicado especialmente a los periódicos, pues creen que estos difunden el conocimiento, promulgan los valores humanos y previenen a la gente de cometer errores.
Según el digital telegraph.uk, los «creyentes de los periódicos» hacen reverencias a largas filas de papeles apilados y, luego de meditar un rato, comentan las noticias del día o se enfrentan en acalorados debates.
Especulo que los oriundos no conocen los periódicos amarillistas o los generalistas, da igual. Supongo que no saben que los «sagrados papelitos» crean estereotipos, difunden técnicas criminales, disfrazan lo comercial de información y, habitualmente, acarrean un gran sesgo. Aunque bueno, tal vez no sean tan malos. Total, todo es cuestión de perspectivas.

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