Oficialmente desterrada de mí. Llevo días con la cabeza seca, seca por el cansancio, por la duda, por el miedo, por la violencia, por la incertidumbre. Y el corazón gris, porque el gris es un color que, según los matices, puede ser casi blanco o casi negro. Y estoy así, patidifusa, a ratos con carcajadas, a ratos con gotas de agua y sal. Volteo a ver el camino y veo que nunca perdí el rumbo, sólo que, por ahora, prefiero sentarme a descansar y esperar a que todo vuelva a ser de flores y colores.
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